¿Y usted por qué no protesta?
Raúl Pérez Ríos
Sin duda alguna, actualmente a los mexicanos “nos sobran los motivos”, como diría Joaquin Sabina, para protestar en cualquier parte del país, ya sea por la inseguridad, o por la criminalización de lo protesta social, o por el aumento a la tarifa del metro, o por la homologación del Impuesto al Valor Agregado (IVA), en el norte del país, como por los constantes gasolinazos, o las altas tarifas de la energía eléctrica, o por la aprobación de las reformas estructurales, como la laboral, la educativa, la hacendaria o fiscal, la política y la energética, las cuales implicarán la pérdida de las conquistas de los trabajadores, así como la disminución de sus derechos, además de la pérdida de la gratuidad de la educación de manera velada, a través de las cuotas “voluntarias”, y la aplicación de nuevos impuestos, para contrarrestar la pérdida de los ingresos que se dejarán de percibir con la reforma petrolera, aunado a la posibilidad de reelección consecutiva de diputados federales y senadores, lo cual, sin duda, abrirá la puerta para que posteriormente eso se pueda hacer también a nivel de la Presidencia de la República.
Lo que resulta interesante es que a pesar de existir tantos motivos para protestar, la gente en su mayoría no lo hace. Si bien es cierto que hay organizaciones sociales, sindicatos y partidos políticos muy importantes que convocan al pueblo en general a manifestarse, como la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), o el Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), o el Partido de la Revolución Democrática (PRD), o la recién conformada Unidad Patriótica por el Rescate de la Nación(UPRN), que agrupa a diversas organizaciones de todo tipo, no hayan eco en la sociedad o no tienen suficiente poder de convocatoria para que las marchas, mítines, plantones, bloqueos, cercos, entre otro tipo de acciones que realizan sean verdaderamente masivas para que con ellas se pueda impedir o echar atrás aquello contra lo que protestan, o para obtener o alcanzar aquello por lo que luchan.
La indiferencia de la sociedad ante las cosas que están sucediendo en nuestro país resulta evidente y preocupante, ya que dificulta cualquier cambio por la vía civil y pacífica en beneficio de las mayorías, lo cual deja como únicas alternativas la resignación, en el entendido de que “así son las cosas” y no se pueden cambiar, o la desesperación, es decir, la realización de acciones violentas que sin duda constituirán una catarsis de la sociedad, pero que no resolverán los problemas de fondo que nos aquejan.
La frustración que sienten aquellas personas que se preocupan por el futuro de México y por el legado que les estamos dejando a nuestros hijos, crece día con día, al observar que a pesar de sus acciones de protestas, la política depredadora y derrochadora de los recursos de la nación y de los derechos del pueblo continúa sin inmutarse por aquellos que marchan y gritan consignas.
El antídoto perfecto que ha utilizado el gobierno desde hace mucho tiempo contra las protestas es el ya famoso “ni los veo ni los oigo”, o como quien dice, “háganle como quieran”, “aquí sólo mis chicharrones truenan”.
Por otra parte, entre las telenovelas o los partidos de futbol, el mundial, el teletón o los chismes o escándalos de la farándula, la gente no tiene tiempo o interés en poner atención a las implicaciones que tendrán las reformas estructurales que están siendo aprobadas, además de que el bombardeo constante de la publicidad oficial que difunde las supuestas bondades que tendrán las mismas, seguramente los convencerá, como aquella mentira que se convierte en verdad después de repetirse cientos de veces, y los dejará más confiados y tranquilos, pensando que los que en verdad quieren detener el progreso del país son unos cuantos revoltosos y grilleros que por todo protestan y que con sus marchas y bloqueos perjudican a la ciudadanos que sí trabajan, y con sus actos violentos y sus pintas o sus plantones afean a la ciudad y afectan al comercio formal.
Sin duda esto puede responder en parte el por qué la gente no protesta,o por qué ni siquiera se pudo lograr la realización de un verdadero cerco en el Senado, o en la Cámara de Diputados o en los Congresos de los estados, para impedir la discusión y aprobación de la Reforma Energética, o por qué a pesar de la cantidad de acciones de protesta que diariamente han realizado los integrantes de la CNTE, la Reforma Educativa sigue vigente y en marcha sin haber sufrido algún cambio sustancial.
Aún la protesta convocada en contra del aumento a la tarifa del metro, la cual fue más llamativa y vistosa que las que se hicieron en contra de la aprobación de la Reforma Energética, no lograron, ni lograrán que dicho aumento se anule. Las protestas pasarán y el aumento seguirá.
La gran catarsis realizada contra del aumento a la tarifa del metro se realizó el viernes 13 de diciembre de 2013 con el llamado #PosMeSalto, para evadir el cobro del boleto como medida de protesta. El Gobierno del Distrito Federal anunció que aplicaría una especie de política “laissez fair, laissez passer”, es decir “dejaría hacer” y “dejaría pasar” ese tipo de protesta, pero no recularía en el aumento a la tarifa del metro.
Al #PosMeSalto se le ha tratado de mantener más tiempo, pero cada día que pasa es menor este tipo de protesta y la gente se está resignando a pagar los $5.00 pesos por cada boleto del metro, aunque los supuestos cambios que se iban a empezar a implementar desde el momento mismo del aumento aún no se vean ni se vayan a ver en corto tiempo.
Con base en lo anterior, las organizaciones sociales, los sindicatos y los partidos políticos deben empezar a reflexionar sobre lo que motiva la falta de participación de la sociedad en los asuntos que deberían interesarle, si es que realmente les interesa lograr un cambio social por la vía civil y pacífica, el cual requiere de la amplia participación de la sociedad en su conjunto, porque si se cierra esa vía, así como se ha comenzado a cerrar o a evidenciar que el cambio por la vía electoral no será posible, y que por la vía jurídica tampoco se logrará echar atrás los cambios constitucionales que se han estado haciendo con los Reformas Estructurales, entonces nuevamente se estará orillando a buscar dichos cambios mediante la lucha armada, sobre todo ahora que la represión, la criminalización de la lucha social y la desaparición forzada de luchadores sociales vuelve a estar vigente, aún en los estados donde supuestamente hay gobiernos que se dicen progresistas o de “izquierda”.
Recordemos que tanto para Rubén Jaramillo, como para Arturo Gamiz y Pablo Gómez, o para Lucio Cabañas o Genaro Vázquez, entre otros, la lucha armada fue la última opción que les quedó después de agotar todas las demás formas de lucha, sin poder entablar una interlocución y negociación con el gobierno que atendiera sus legítimas demandas.
Por ello, aunque la clase política y empresarial haya lanzado la moneda al aire confiando en su buena suerte, no será el azar, sino la necesidad lo que defina el futuro rumbo que tomarán las protestas en México, porque detrás de la aparente indiferencia de la sociedad mexicana, se puede estar gestando el hartazgo de las tradicionales y desgastadas formas de lucha que se reducen a la clásica marcha-mítin-plantón, con las cuales ya no se está obteniendo nada, y se podría estar generando una mayor simpatía por otras formas de lucha menos civiles y pacíficas, pero quizás más efectivas, como lo que está pasando ya en diversos estados del país, como Michoacán y Guerrero con las autodefensas o policías comunitarias.
Aun así, sin duda habrá quienes estén dispuestos a esperar hasta el 2015 para ver si es posible echar abajo la Reforma Energética mediante una Consulta Popular que cada vez se ve más difícil de realizar, pero que constituye el único asidero que le ha quedado a la llamada izquierda electoral o electorera, que no se quiere radicalizar, en parte también porque no le conviene. Para ella es más redituable vender la idea de que si votan por ella, cuando lleguen a la Presidencia podrán revertir todos los cambios lesivos para México que se han aplicado en los últimos tiempos, aunque una vez que sean elegidos se olviden de sus promesas de campaña.
Basta recordar que Miguel Ángel Mancera prometió que no subiría la tarifa del metro cuando era candidato a Jefe de Gobierno, y después de haber asumido dicho cargo hizo todo lo contrario. Tal vez por ello la sociedad ya no hace eco a las convocatorias realizadas por la supuesta “izquierda electorera”, sea ésta delPRD o del PRDbis, es decir, de MORENA, pero tampoco ha encontrado algún otro referente que sea confiable y creíble, lo cual también puede estar generando esa supuesta indiferencia que estamos viendo en estos momentos, y que en realidad se trata de una incredulidad tanto de las acciones que se proponen, como de las organizaciones que las convocan.
Si no es así, entonces dígame: ¿usted por qué no protesta?