miércoles, 20 de noviembre de 2013

Principio y fin de la educación socialista en México

“Principio y fin de la educación socialista en México”[1]

Raúl Pérez Ríos

“una cultura plenamente socialista sólo es posible en
una organización socialista, pero eso no significa que
no pueda germinar en el seno de la decrépita sociedad
capitalista. ¿Acaso la cultura burguesa no principió a
desarrollarse dentro de la sociedad monárquico-feudal?
¿Qué el Capital de Marx y el Imperialismo de Lenin,
no fueron escritos dentro del medio burgués?”

Eduardo Villaseñor

Probablemente muchos estudiantes y maestros de nuestro tiempo ignoren que en algún momento de la Historia de México existió la educación socialista, lo cual resulta bastante llamativo, si consideramos que nuestro país nunca fué ni se declaró como tal, a diferencia de otras naciones, como la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (U.R.S.S.) o Cuba, por ejemplo.

El antecedente inmediato de la educación socialista en México fue la “escuela racionalista”, la cual implicaba una educación científica y antirreligosa que exaltaba el valor del trabajo manual. Dicha escuela fue implantada oficialmente en Yucatán por Felipe Carrillo Puerto, en el año de 1922, y en Tabasco por Garrido Canabal en 1925[2].

Posteriormente, en el año de 1930, la legislatura del estado de Tabasco envió al Congreso de la Unión un proyecto para establecer en todo el país la escuela racionalista[3]. Sin embargo, la iniciativa no prosperó.

Fue tres años después (en diciembre de 1933), durante la Convención del Partido Nacional Revolucionario (PNR), realizada en Querétaro, que se adoptó la educación antirreligiosa o racionalista, además de que se empleó el término “socialista”, para definir a la misma y se declaró que la educación debía ser no únicamente socialista, sino estar “de acuerdo con los principios del socialismo científico”[4].

A pesar de lo anterior, en la versión final del Plan Sexenal que se formuló en dicha convención, la declaración sobre la educación quedó redactada de una forma más vaga, mencionando que la misma debía basarse en “la doctrina socialista sostenida por la Revolución mexicana”[5], lo cual daba paso a cualquier tipo de interpretaciones.
Al año siguiente, en el mes de octubre, tanto la Cámara de Diputados, como la de Senadores, aprobaron una reforma del Artículo 3° de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en la que se decretaba que:

“La educación que imparta el Estado será socialista y, además de excluir toda doctrina religiosa, combatirá el fanatismo y los prejuicios, para lo cual la escuela organizará sus enseñanzas y actividades en forma que permita crear en la juventud un concepto racional y exacto del Universo y de la vida social…”

Fue de esta manera como se implantó la educación “socialista” en México, sin embargo, como dice David Raby, “no estaba claro en lo absoluto lo que este socialismo mal definido debía significar en la práctica (…) muchos maestros tenían únicamente una idea muy vaga del significado del socialismo”[6], además de que muchos la interpretaban en términos puramente antirreligiosos.

La falta de maestros preparados para impartir la “educación socialista”, ya había sido señalada desde antes que se aprobara la reforma al Art. 3° Constitucional y se hacían señalamientos respecto a la realización de una selección más estricta de los maestros. Por ejemplo, en enero de 1934, tanto la Confederación Revolucionaria Michoacana del Trabajo, como el estado de Sonora aprobaron resoluciones y leyes respectivamente que exigían, entre otras cosas, “una selección enérgica y efectiva del magisterio del país, para eliminar a los enemigos de la Revolución…”[7], así como la eliminación de aquellos elementos que a causa de su ideología no se consideren honradamente capaces de llevar a efecto este programa…”[8]

La misma Comisión especial de la Cámara de Diputados que propuso la reforma al Art. 3° Constitucional pidió dentro de las proposiciones para dicha reforma que urgentemente se hiciera “una selección estricta” de maestros “a fin de poner a los maestros competentes y revolucionarios en la posición que merecen”[9].

A pesar de los diversos esfuerzos que se hicieron para cristalizar la educación socialista en México, en la mayor parte del país este proyecto se convirtió en una posición vacía y demagógica y fue abandonada en la práctica después de 1941 y en la ley después de 1946.

Actualmente, otra reforma al Art. 3° Constitucional está en marcha y, aunque nada tiene que ver con la propuesta de “educación socialista” de los años treinta, es muy probable que tenga un destino similar, es decir, que el discurso de la “calidad educativa” que ahora se esgrime, se convierta en realidad en una propuesta vacía y demagógica que posteriormente será abandonado y sustituido por otro discurso en boga, a menos que tanto los maestros, como los estudiantes, padres de familia y la sociedad en general nos involucremos en la definición del tipo de educación que queremos y lo hagamos una realidad.


Lunes 13 de mayo de 2013






[1] Artículo publicado en “Proyecto Vanguardia. Revista de análisis, denuncia e información”. No. 3. Agosto de 2013.p. 25-26.
[2] Raby, Op. Cit. p. 37-38.
[3] Bremauntz, Alberto. 1943. “La educación socialista en México (Antecedentes y fundamentos de la reforma de 1934)”. Imprenta Rivadeneyra. México. p. 151
[4] Bremauntz,Op. Cit. pp. 172-190.
[5] Plan Sexenal del PNR, 1934-1940. México. pp. 83-90.
[6] Raby, Op. Cit. p. 41 y 54
[7] El Maestro Rural, vol. 4, N° 2, 15 de enero de 1934, pp. 5-6
[8] Ibid., vol. 4, N° 2, 15 de junio de 1934, p. 25.
[9] Bremauntz,Op. Cit. p. 200

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