“Principio y fin de
la educación socialista en México”[1]
Raúl Pérez Ríos
“una cultura plenamente
socialista sólo es posible en
una organización
socialista, pero eso no significa que
no pueda germinar en el
seno de la decrépita sociedad
capitalista. ¿Acaso la
cultura burguesa no principió a
desarrollarse dentro de
la sociedad monárquico-feudal?
¿Qué el Capital de Marx y el Imperialismo de Lenin,
no fueron escritos
dentro del medio burgués?”
Eduardo Villaseñor
Probablemente muchos estudiantes y maestros de nuestro tiempo
ignoren que en algún momento de la Historia de México existió la educación
socialista, lo cual resulta bastante llamativo, si consideramos que nuestro
país nunca fué ni se declaró como tal, a diferencia de otras naciones, como la
Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (U.R.S.S.) o Cuba, por ejemplo.
El antecedente inmediato de la educación socialista en México
fue la “escuela racionalista”, la cual implicaba una educación científica y
antirreligosa que exaltaba el valor del trabajo manual. Dicha escuela fue
implantada oficialmente en Yucatán por Felipe Carrillo Puerto, en el año de
1922, y en Tabasco por Garrido Canabal en 1925[2].
Posteriormente, en el año de 1930, la legislatura del estado
de Tabasco envió al Congreso de la Unión un proyecto para establecer en todo el
país la escuela racionalista[3].
Sin embargo, la iniciativa no prosperó.
Fue tres años después (en diciembre de 1933), durante la
Convención del Partido Nacional Revolucionario (PNR), realizada en Querétaro,
que se adoptó la educación antirreligiosa o racionalista, además de que se
empleó el término “socialista”, para definir a la misma y se declaró que la
educación debía ser no únicamente socialista, sino estar “de acuerdo con los
principios del socialismo científico”[4].
A pesar de lo anterior, en la versión final del Plan Sexenal
que se formuló en dicha convención, la declaración sobre la educación quedó
redactada de una forma más vaga, mencionando que la misma debía basarse en “la
doctrina socialista sostenida por la Revolución mexicana”[5],
lo cual daba paso a cualquier tipo de interpretaciones.
Al año siguiente, en el mes de octubre, tanto la Cámara de
Diputados, como la de Senadores, aprobaron una reforma del Artículo 3° de la Constitución
Política de los Estados Unidos Mexicanos, en la que se decretaba que:
“La educación que
imparta el Estado será socialista y, además de excluir toda doctrina religiosa,
combatirá el fanatismo y los prejuicios, para lo cual la escuela organizará sus
enseñanzas y actividades en forma que permita crear en la juventud un concepto
racional y exacto del Universo y de la vida social…”
Fue de esta manera como se implantó la educación “socialista”
en México, sin embargo, como dice David Raby, “no estaba claro en lo absoluto
lo que este socialismo mal definido debía significar en la práctica (…) muchos
maestros tenían únicamente una idea muy vaga del significado del socialismo”[6],
además de que muchos la interpretaban en términos puramente antirreligiosos.
La falta de maestros preparados para impartir la “educación
socialista”, ya había sido señalada desde antes que se aprobara la reforma al
Art. 3° Constitucional y se hacían señalamientos respecto a la realización de
una selección más estricta de los maestros. Por ejemplo, en enero de 1934,
tanto la Confederación Revolucionaria Michoacana del Trabajo, como el estado de
Sonora aprobaron resoluciones y leyes respectivamente que exigían, entre otras
cosas, “una selección enérgica y efectiva del magisterio del país, para
eliminar a los enemigos de la Revolución…”[7],
así como la eliminación de aquellos elementos que a causa de su ideología no se
consideren honradamente capaces de llevar a efecto este programa…”[8]
La misma Comisión especial de la Cámara de Diputados que
propuso la reforma al Art. 3° Constitucional pidió dentro de las proposiciones
para dicha reforma que urgentemente se hiciera “una selección estricta” de
maestros “a fin de poner a los maestros competentes y revolucionarios en la
posición que merecen”[9].
A pesar de los diversos esfuerzos que se hicieron para
cristalizar la educación socialista en México, en la mayor parte del país este
proyecto se convirtió en una posición vacía y demagógica y fue abandonada en la
práctica después de 1941 y en la ley después de 1946.
Actualmente, otra reforma al Art. 3° Constitucional está en
marcha y, aunque nada tiene que ver con la propuesta de “educación socialista”
de los años treinta, es muy probable que tenga un destino similar, es decir,
que el discurso de la “calidad educativa” que ahora se esgrime, se convierta en
realidad en una propuesta vacía y demagógica que posteriormente será abandonado
y sustituido por otro discurso en boga, a menos que tanto los maestros, como
los estudiantes, padres de familia y la sociedad en general nos involucremos en
la definición del tipo de educación que queremos y lo hagamos una realidad.
Lunes 13 de mayo de 2013
[1]
Artículo publicado en “Proyecto Vanguardia. Revista de análisis, denuncia e
información”. No. 3. Agosto de 2013.p. 25-26.
[2]
Raby, Op. Cit. p. 37-38.
[3]
Bremauntz, Alberto. 1943. “La educación socialista en México (Antecedentes y
fundamentos de la reforma de 1934)”. Imprenta Rivadeneyra. México. p. 151
[4]
Bremauntz,Op. Cit. pp. 172-190.
[5]
Plan Sexenal del PNR, 1934-1940. México. pp. 83-90.
[6]
Raby, Op. Cit. p. 41 y 54
[7] El
Maestro Rural, vol. 4, N° 2, 15 de enero de 1934, pp. 5-6
[8]
Ibid., vol. 4, N° 2, 15 de junio de 1934, p. 25.
[9]
Bremauntz,Op. Cit. p. 200

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