“Por el bien de
todos, primero los pobres”,
como política
contrainsurgente del gobierno de México
Raúl Pérez Ríos
“para poder oprimir a una clase es preciso asegurarle unas condiciones que le permitan, por lo menos, arrastrar su existencia de esclavitud”, Carlos Marx y Federico Engels
La consigna que utilizó el
gobierno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), tanto para caracterizar su
gestión y también como política de gobierno, para aminorar las desigualdades,
sin cambiar de raíz al sistema económica imperante, fue la de “Por el bien de
todos, primero los pobres”. Esta política redistributiva consistió en la
creación de diversos programas sociales para el otorgamiento de apoyos
económicos directos a los sectores más vulnerables. Dichos programas han
funcionado como válvulas de escape, para le presión social que se había
acumulado durante los sexenios anteriores con sus políticas neoliberales que
recrudecieron la explotación y la opresión de la mayoría de la población y que
se podía observar con el incremento de las protestas y el descrédito de los
gobiernos en turno.
Ahora, por el contrario, la
popularidad del gobierno saliente de AMLO, muestra claramente la efectividad de
la implementación de esa política populista que si bien, no cambia el sistema y
mantiene la explotación, al menos les permite a los sectores más desfavorecidos
de la población, sobrevivir en mejores condiciones, para seguir siendo
explotados, evitando su posible rebelión.
Entre los programas sociales enmarcados
en la política de “Por el bien de todos, primero los pobres”, se encuentra el
apoyo económico a personas de la tercera edad y con discapacidad, así como el
apoyo destinado a brindar soporte económico a los estudiantes del país menores
de 18 años de edad, que siguen en la escuela. También están los apoyos
económicos dirigidos especialmente a personas con micronegocios o actividades
productivas excluidos de servicios financieros, además del apoyo económico que
reciben los campesinos que forman parte del programa “Sembrando Vida”, entre
otros.
Dichos apoyos económicos no
buscan acabar con la explotación ni la desigualdad, sino evitar que dichos
sectores marginados y excluidos de la población puedan rebelarse contra el
sistema que los mantiene en dicha condición de opresión. Ahora, por el
contrario, son esos sectores los que luchan porque se mantenga y continúe dicha
política de gobierno y una muestra de ello es el reciente triunfo de Claudia
Sheinbaum como Presidenta de México, la cual garantiza la continuidad de la
política implementada por AMLO a favor de los pobres.
El gobierno de AMLO logró aceitar
los engranajes del sistema de explotación, mediatizando la lucha insurgente,
mediante la creación de un movimiento popular que idolatra y defiende al
Presidente y que grita que ¡Es un honor estar con Obrador!, otorgándole una
gran popularidad, la cual se ha mantenido e incluso acrecentado con el paso del
tiempo, permitiendo que se estableciera la hegemonía de un partido de Estado, así
como una mayoría calificada en ambas cámaras legislativas a favor del gobierno,
además de una reforma al poder judicial que permitirá que sus integrantes sean
elegidos mediante el voto popular.
Con este gobierno, la desigualdad
no ha desaparecido, los ricos se siguen haciendo ricos, mientras a los pobres
apenas se les garantiza lo mínimo necesario para sobrevivir, muestra de ello es
que los cinco hombres más ricos de México han incrementado sus ingresos en un
promedio de 226.6% durante el gobierno de AMLO, según los datos proporcionados
por Bloomberg, mientras que a un amplio sector de trabajadores, entre los que
se encuentran los maestros del nivel básico, así como los profesionales de la
salud, médicos, enfermeros, además de policías, personal de la Guardia Nacional
y miembros de la Fuerza Armada, apenas se les garantiza un salario base de
$16,700 pesos mensuales, es decir, $556.67 pesos diarios.
Si bien es cierto que el salario
mínimo ha aumentado considerablemente, en comparación con los sexenios pasados,
el aumento que se ha obtenido en los salarios contractuales, particularmente para
el sector de trabajadores que están regidos por el Apartado B del artículo 123 Constitucional,
así como para los del Apartado A que tienen como patrón al gobierno, ha estado
por debajo de la inflación y cada año se les impone un tope salarial durante
las revisiones salariales que realizan y que dificilmente logran romper, aún estallando una huelga.
Por lo anterior, la
transformación que pregona tanto el gobierno de AMLO, como el de la nueva PRESIDENTA,
Claudia Sheinbaum Pardo, solo representa un paliativo para las desigualdades
que existen en nuestro país, pero no un cambio de sistema. Sin embargo, hasta el
momento, con eso se ha logrado evitar una insurgencia social que decida cambiar
de raíz el estado de cosas en el que vivimos. Por ello podemos decir que
constituye una política de contrainsurgencia del gobierno.
En ese sentido, a los
revolucionarios nos corresponde profundizar el nivel de conciencia de la
sociedad, ubicando con claridad al enemigo histórico al que nos enfrentamos,
construyendo la estructura organizativa que necesitamos e impulsando las formas
de lucha que se requieran, para lograr un verdadero cambio que termine con la
explotación del hombre por el hombre.


