martes, 1 de octubre de 2024

“Por el bien de todos, primero los pobres”, como política contrainsurgente del gobierno de México

 

“Por el bien de todos, primero los pobres”,

como política contrainsurgente del gobierno de México

 

Raúl Pérez Ríos

“para poder oprimir a una clase es preciso asegurarle unas condiciones que le permitan, por lo menos, arrastrar su existencia de esclavitud”, Carlos Marx y Federico Engels

 

La consigna que utilizó el gobierno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), tanto para caracterizar su gestión y también como política de gobierno, para aminorar las desigualdades, sin cambiar de raíz al sistema económica imperante, fue la de “Por el bien de todos, primero los pobres”. Esta política redistributiva consistió en la creación de diversos programas sociales para el otorgamiento de apoyos económicos directos a los sectores más vulnerables. Dichos programas han funcionado como válvulas de escape, para le presión social que se había acumulado durante los sexenios anteriores con sus políticas neoliberales que recrudecieron la explotación y la opresión de la mayoría de la población y que se podía observar con el incremento de las protestas y el descrédito de los gobiernos en turno.

 

Ahora, por el contrario, la popularidad del gobierno saliente de AMLO, muestra claramente la efectividad de la implementación de esa política populista que si bien, no cambia el sistema y mantiene la explotación, al menos les permite a los sectores más desfavorecidos de la población, sobrevivir en mejores condiciones, para seguir siendo explotados, evitando su posible rebelión.

 

Entre los programas sociales enmarcados en la política de “Por el bien de todos, primero los pobres”, se encuentra el apoyo económico a personas de la tercera edad y con discapacidad, así como el apoyo destinado a brindar soporte económico a los estudiantes del país menores de 18 años de edad, que siguen en la escuela. También están los apoyos económicos dirigidos especialmente a personas con micronegocios o actividades productivas excluidos de servicios financieros, además del apoyo económico que reciben los campesinos que forman parte del programa “Sembrando Vida”, entre otros.

 

Dichos apoyos económicos no buscan acabar con la explotación ni la desigualdad, sino evitar que dichos sectores marginados y excluidos de la población puedan rebelarse contra el sistema que los mantiene en dicha condición de opresión. Ahora, por el contrario, son esos sectores los que luchan porque se mantenga y continúe dicha política de gobierno y una muestra de ello es el reciente triunfo de Claudia Sheinbaum como Presidenta de México, la cual garantiza la continuidad de la política implementada por AMLO a favor de los pobres.

 

El gobierno de AMLO logró aceitar los engranajes del sistema de explotación, mediatizando la lucha insurgente, mediante la creación de un movimiento popular que idolatra y defiende al Presidente y que grita que ¡Es un honor estar con Obrador!, otorgándole una gran popularidad, la cual se ha mantenido e incluso acrecentado con el paso del tiempo, permitiendo que se estableciera la hegemonía de un partido de Estado, así como una mayoría calificada en ambas cámaras legislativas a favor del gobierno, además de una reforma al poder judicial que permitirá que sus integrantes sean elegidos mediante el voto popular.

 

Con este gobierno, la desigualdad no ha desaparecido, los ricos se siguen haciendo ricos, mientras a los pobres apenas se les garantiza lo mínimo necesario para sobrevivir, muestra de ello es que los cinco hombres más ricos de México han incrementado sus ingresos en un promedio de 226.6% durante el gobierno de AMLO, según los datos proporcionados por Bloomberg, mientras que a un amplio sector de trabajadores, entre los que se encuentran los maestros del nivel básico, así como los profesionales de la salud, médicos, enfermeros, además de policías, personal de la Guardia Nacional y miembros de la Fuerza Armada, apenas se les garantiza un salario base de $16,700 pesos mensuales, es decir, $556.67 pesos diarios.

 

Si bien es cierto que el salario mínimo ha aumentado considerablemente, en comparación con los sexenios pasados, el aumento que se ha obtenido en los salarios contractuales, particularmente para el sector de trabajadores que están regidos por el Apartado B del artículo 123 Constitucional, así como para los del Apartado A que tienen como patrón al gobierno, ha estado por debajo de la inflación y cada año se les impone un tope salarial durante las revisiones salariales que realizan y que dificilmente logran romper, aún estallando una huelga.

 

Por lo anterior, la transformación que pregona tanto el gobierno de AMLO, como el de la nueva PRESIDENTA, Claudia Sheinbaum Pardo, solo representa un paliativo para las desigualdades que existen en nuestro país, pero no un cambio de sistema. Sin embargo, hasta el momento, con eso se ha logrado evitar una insurgencia social que decida cambiar de raíz el estado de cosas en el que vivimos. Por ello podemos decir que constituye una política de contrainsurgencia del gobierno.

 

En ese sentido, a los revolucionarios nos corresponde profundizar el nivel de conciencia de la sociedad, ubicando con claridad al enemigo histórico al que nos enfrentamos, construyendo la estructura organizativa que necesitamos e impulsando las formas de lucha que se requieran, para lograr un verdadero cambio que termine con la explotación del hombre por el hombre.