"La globalización: ¿para qué? y ¿para quién?"[1]
Raúl Pérez Ríos
“la globalización no es un concepto serio.
Nosotros, los norteamericanos, lo inventamos
para ocultar nuestra política de penetración
económica en
el exterior”
John K. Galbraith
La globalización
forma parte de un proceso histórico de expansión e integración que divide a la
sociedad en dos grandes sectores (globalizadores y globalizados)
cuyos intereses se contraponen (los globalizadores se expanden, mientras que
los globalizados son integrados a esa expansión).
Los
globalizadores, a lo largo de la historia, se han encargado de crear las
condiciones que les permitan imponer sus intereses a los globalizados, y para
ello se han valido de diversos medios de control y de dominio con los cuales
han logrado desarticular cualquier forma de oposición o resistencia.
El conocimiento
de los mecanismos mediante los cuales los globalizadores logran integrar a los
globalizados en un proyecto que les es adverso, nos permitirá diseñar los
antídotos necesarios para contrarrestar dicho mal. Sin embargo, antes de
abordar cuáles son dichos mecanismos, es necesario identificar a las personas o
grupos de personas que integran a cada uno de estos sectores en pugna.
Los globalizadores
están representados por los empresarios que cada año aparecen en la
lista de los “hombres más ricos del mundo” publicada por la revista
estadunidense “Forbes”. Ellos son los dueños o los principales accionistas
de las grandes empresas que actualmente se están “globalizando”, para
convertirse en las empresas mundiales que controlarán la mayor parte de la
producción de bienes y servicios en el planeta.
Las empresas
globales pertenecen, en la mayoría de los casos, a los Estados Unidos de
América (E.U.A.) y en menor proporción a las demás naciones que, junto con
los E.U.A., conforman al grupo de los siete países más industrializados del
mundo (Canadá, Gran Bretaña, Francia, Alemania, Italia y Japón), también
conocido como G-7, así como a otras naciones europeas (Suiza, Holanda,
Suecia, Austria, Bélgica, Dinamarca, Finlandia, Irlanda, Noruega, Portugal y
España), asiáticas (Singapur y Hong Kong), y de Oceanía (Australia y Nueva
Zelanda).2
Las principales
regiones en las que se están expandiendo dichas empresas son : Europa Oriental,
Asia, África y América Latina (Argentina, Brasil, Centro América, Chile,
Colombia, México, Perú y Venezuela), es decir, en todos aquellos países que han
sido considerados por los globalizadores y sus ideólogos como atrasados,
subdesarrollados, en vías de desarrollo, del “tercer mundo”, y más
recientemente como “economías emergentes”.
Pero el sector
de los globalizados no solo se encuentra en las regiones o los países donde las
grandes empresas se están expandiendo, sino también en las naciones a partir de
las cuales se expanden, pues los globalizadores requieren de los globalizados
en todas las regiones del planeta.
Si los
globalizadores son los dueños o los principales accionistas de las grandes
empresas, los globalizados serán todas aquellas personas que, directa o
indirectamente, trabajen para alguna de dichas empresas.
Esta nueva división de la sociedad en dos grandes
sectores crea, a su vez, a un tercero, el de los excluidos, integrado
por todas aquellas personas que no podrán formar parte de dicho modelo y que,
por lo tanto, tendrán que ser hechas a un lado para su posterior desaparición o
eliminación. En este último sector se encuentran todas aquellas personas que
viven en extrema pobreza (indigentes, niños de la calle, etc.).
Sin embargo, a
pesar de que esta nueva división de la sociedad es muy clara, no resulta tan
evidente, porque el discurso que sobre la globalización han difundido los
medios masivos de comunicación trae a la mente la imagen “de una humanidad
no dividida (...) y promueve la creencia de que las distintas historias,
geografías y culturas que han dividido a la humanidad están siendo unidas en el
cálido abrazo de la globalización”.3
Además de que muchas veces los globalizadores se diluyen en el conjunto de
organizaciones e instituciones de las cuales se han valido para alcanzar sus
objetivos (acumulación de riqueza, poder, dominio, etc.), lo cual impide que
puedan ser ubicados como el enemigo histórico al cual es necesario vencer.
Los movimientos
reivindicativos dirigen, en la mayoría de los casos, sus energías en contra de
la armadura que utilizan los globalizadores para ocultarse de la mirada de la
sociedad, por lo que muy pocas veces logran ocasionarles un verdadero daño.
Las organizaciones
e instituciones que han servido como medios de control y de dominio para los
globalizadores pueden dividirse en dos niveles (mundial y nacional) y
clasificarse en cuatro tipos (económicas, políticas, sociales/ideológicas y
militares).
Algunos autores,
como Cárdenas (2000)4 y
Dieterich (2000)5, mencionan que las
organizaciones e instituciones a nivel mundial están conformando un Estado
Global o Sistema Mundial, en el cual el G-7 integra su gabinete, mientras
que su estructura ejecutiva esta formada en lo económico por el Banco Mundial
(BM), el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Organización para la Cooperación y el
Desarrollo Económico (OCDE) y la Organización Mundial
de Comercio (OMC); en lo político por la Organización de las
Naciones Unidas (ONU) y su Consejo de Seguridad; en lo social e ideológico por la ONU y su Asamblea General, así
como por la Organización
de las Naciones Unidas para la
Educación , la
Ciencia y la
Cultura (UNESCO), el Programa de las Naciones Unidas para el
Medio Ambiente (PNUMA), el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo
(PNUD), y la
Organización Internacional del Trabajo (OIT); y finalmente en
lo militar por la
Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).
De esta manera,
las organizaciones e instituciones a nivel nacional se integran de manera
subordinada al Estado Global o Sistema Mundial que actualmente se encuentra al
servicio de los globalizadores. Las acciones que llevan a cabo cada uno de los
elementos de dicho sistema responden, en la mayoría de los casos, a las
necesidades y los intereses de los globalizadores; por ello el desafío que
enfrentan los globalizados y excluidos de América Latina y del resto del mundo
consiste en desarrollar una estrategia que les permita poner al actual Sistema
Mundial a su servicio; o dicho en las palabras del Ejército Zapatista de
Liberación Nacional (EZLN), “poner un gobierno que mande obedeciendo”,
pero obedeciendo a las bases sociales y no a las cúpulas empresariales.
[1] Artículo
publicado en la Revista “Diálogo. En defensa del derecho a la verdad”, No. 5,
Agosto-Septiembre de 2002. p. 3-5.
2 De las mil empresas más beneficiadas por la
globalización, 484 son estadunidenses, 149 son japonesas, 94 son británicas y
44 son francesas. Las demás están repartidas entre compañías alemanas,
italianas, suizas, holandesas, canadienses, suecas, australianas, austriacas,
belgas, danesas, finlandesas, irlandesas, neocelandesas, noruegas, portuguesas,
singapurenses, españolas y de Hong Kong. En: González Amador, Roberto. 2000.
“Concentran mil empresas activos que superan 42% al PIB mundial. De EU, 484 de
las compañías más beneficiadas por la globalización. El valor de mercado de
General Electric es similar el producto interno bruto de México”. La Jornada. Economía.
Año 16. N° 5709. Domingo 23 de julio de 2000 . México, D.F. p. 14.
3 Coronil, Fernando. 2000. “Del eurocentrismo al
globocentrismo: la naturaleza del poscolonialismo”. En: Edgardo Lander
(Compilador). 2000. “La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias
sociales. Perspectivas latinoamericanas”. CLACSO. UNESCO. Caracas, Venezuela.
p. 87-111.
4 Cárdenas
Galindo, Aniseto. 2000. “¿La globalización, gobierno global?. Rompan Filas. Año
9. N° 45. 1 de
marzo del 2000 . En: http://www.unam.mx/rompan/45/rf45a.html
5 Dieterich,
Heinz. 2000. “Identidad Nacional y globalización. La tercera vía. Crisis en las
Ciencias Sociales”. Ensayos. 2ª ed. Ampliada. Foro por la Emancipación e
Identidad de América Latina. Editorial Nuestro Tiempo. Colegio Latinoamericano
de Posgrados. México. p. 106-112.

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