miércoles, 20 de noviembre de 2013

Un mundo a la medida de los empresarios

“Un mundo a la medida de los empresarios”

Raúl Pérez Ríos


“Que se privatice todo, que se privatice el mar y el cielo,

que se privatice el agua y el aire, que se privatice la

justicia y la ley, que se privatice la nube que pasa, que

se privatice el sueño, sobre todo si es el diurno y con

los ojos abiertos. Y, finalmente, para florón y remate de

tanto privatizar, privatícense los Estados, entréguese de

una vez por todas su explotación a empresas privadas

mediante concurso internacional. Ahí se encuentra la

salvación del mundo ... Y, metidos en esto, que se

privatice  también a la puta que los parió a todos”


José Saramago, “Cuadernos de Lanzarote”


   “Que se privatice todo” es uno de los principales objetivos de las actuales políticas neoliberales. Edward Luttwak menciona que “En la actualidad, casi toda la élite americana encabezada por jefes de corporaciones y economistas de moda, está totalmente convencida de que ha descubierto la fórmula ganadora para el éxito económico –la única fórmula- que sirve para todos los países, ricos o pobres, buena para todos los individuos que estén dispuestos a escuchar el mensaje, y por supuesto, buena para la élite americana: PRIVATIZACIÖN + DESREGULACIÓN 0 TURBO-CAPITALISMO = PROSPERIDAD”[1]

   En México, cuando todavía faltaban cinco meses para que el candidato del Partido Acción Nacional (PAN), Vicente Fox Quesada, se pusiera la banda presidencial, el sector privado ya estaba “listo para ir por todo: abrir PEMEX y el sector educativo, así como reformar la Ley Federal del Trabajo”,[2] entre otras cosas.

   En julio del 2000, distintos “dirigentes empresariales reconocieron que sin importar cuál hubiera sido el resultado de las elecciones, tenían ganada la partida”,[3] pues tanto Fox como el candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Francisco Labastida, garantizaban la continuidad del actual proyecto económico.

   “La garantía de continuidad en las políticas macroeconómicas del país”[4] fue uno de los tres deseos básicos de Wall Street, que se cumplió en esta elección mexicana del 2 de julio del 2000; los otros dos deseos fueron: “el triunfo de Vicente Fox y el proceso declarado imparcial y transparente, pues, como dice Bernard Aronson, director de Acon Investments y ex subsecretario asistente para América Latina, “un triunfo grande del PAN probablemente es más estable que una victoria cerrada del PRI”.[5]

   Susan Kaufman Purcell, vicepresidente del Consejo de las Américas, mencionó que para Wall Street, “el hecho de que Vicente Fox proviene del sector privado... que entiende la economía global y el papel del capital privado... y el margen de su triunfo, evitan un periodo inmediato de inseguridad”.[6]

   Además, “Fox es percibido como más pro mercado libre que el propio Labastida”,[7] según Joyce Chang, directora de inversiones de Chase, quien agregó que “Fox está más orientado al mercado libre y los mercados creen que él podría proceder con las privatizaciones de forma un poco más rápida que el PRI”.[8]

   Alejandro Martínez Gallardo, presidente de la Confederación de Cámaras Industriales (Concamin), dijo que el PAN y el PRI se parecen bastante, “los dos tienen ideas económicas muy apegadas a la modernidad”.[9] Sin embargo, Bernard Aronson recordó que “históricamente, el PAN ha sido el partido que favorece el libre comercio, favorecía el libre comercio antes del PRI”,[10] y agregó que “el mercado podría ser afectado <<por la conformación del Congreso de la Unión mexicano, así como por la habilidad de Vicente Fox Quesada para gobernar su país>>”.[11]

   Muchos empresarios estaban convencidos de que la nueva composición del Congreso de la Unión permitiría que en los primeros tres años del gobierno de Vicente Fox se avanzara más que nunca[12] en las reformas que ellos necesitan para adueñarse de todo el sector productivo del país y obtener más ganancias.

   “Si el PAN entra con todos sus votos, sólo harían falta unos 45 legisladores de otros partidos”,[13] para sacar adelante las reformas o iniciativas enviadas por el Ejecutivo y, aunque el PRD cubre la cuota, “el PRI (...) sería el aliado estratégico –porque el PRD está abiertamente en contra-”[14] de las iniciativas que favorezcan a los empresarios y perjudiquen a la mayoría de la sociedad.

   En las legislaturas pasadas, con la concertacesión, los diputados y senadores del PRI y del PAN aprobaban juntos las diversas reformas e iniciativas que enviaba el Ejecutivo,[15] sin embargo, ahora con la nueva legislatura, los empresarios y el presidente no parecen estar tan seguros de que así suceda. “El PRI, -como dicen algunos panistas- está <<vendiendo caro>> su apoyo”,[16] y al parecer, no le están llegando al precio[17].

   Con un número menor de diputados quizás sea más fácil, tanto para el gobierno como para la iniciativa privada, “convencerlos” de que voten a favor de tal o cual reforma, y si se puede reelegir a los diputados “convencidos”, podría facilitarse aún más la labor de “convencimiento” que lleve a cabo el presidente o los empresarios en las futuras legislaturas. Sin embargo, también le podría permitir a la sociedad ubicar y distinguir a los diputados que votan a favor o en contra de ella, lo cual podría dificultar la reelección de aquellos diputados que actúan a favor de unos cuantos.

   Sabemos que una de las estrategias para limitar la compra de nuestros “dirigentes” o “representantes” consiste en tener un mayor número de ellos, a tal grado que fuera imposible corromperlos a todos,[18] pero el costo económico que paga la sociedad para mantener a 500 diputados y 128 senadores es muy alto, sobretodo teniendo en cuenta que muchos de ellos ven más por sus intereses personales o de grupo (partido), que por los intereses de la sociedad a la que dicen “representar”.

   En marzo del 2001, la empresa Roquet-Bimsa dio a conocer los resultados de una encuesta reveladora que muestra la percepción que tienen los ciudadanos del trabajo legislativo. Se entrevistó a 432 personas sobre el quehacer y la representatividad de los señores diputados y los resultados fueron los siguientes: el 75% de los entrevistados no conoce la función de un diputado; el 90% no conoce el nombre del diputado de su distrito; si sabe el nombre, desconoce el partido que representa; 90% no tiene idea de cómo comunicarse con su diputado, y menos del 7% ha intentado una comunicación con el legislador. De quienes lo intentaron, sólo una tercera parte recibió respuesta del señor representante. Así, 77% de los encuestados considera que su diputado no representa sus intereses, y 8 de cada 10 entrevistados piensan que cuando un diputado vota en la Cámara, lo hace de acuerdo a sus intereses personales y de su partido, no de los electores.[19]

   Para cambiar la escasa relación que existe entre los ciudadanos y sus legisladores, se requiere que los ciudadanos reconozcan sus intereses y necesidades y los enarbolen frente a las decisiones que toman los diputados y senadores en el Congreso de la Unión. Las leyes emanadas de la labor legislativa pueden configurar un mundo más habitable para las mayorías o diseñar un mundo a la medida de los empresarios. La cuestión está en reconocer nuestras necesidades y en buscar la manera de satisfacerlas. La legislativa es sólo una de las vías. También podemos buscar otras. Todo depende de nuestras necesidades...




10 de julio de 2003







[1] Luttwak, Edward. 1999. “Turbo-Capitalsm. Winners and Losers in the Global Economy”. Harper Collins Publishers. Nueva York. p. 25, citado por Lander, Edgardo. s/f. “¿Conocimiento para qué? ¿Conocimiento para quién? Reflexiones sobre la universidad y la geopolítica de los saberes hegemónicos”. Simposio Internacional “La reestructuración de las ciencias sociales en los países andinos. p. 6.
[2] Cardoso, Víctor, Antonio Castellanos, David Zúñiga y Mayela Delgadillo. 2000. “Slim descarta fuga de capitales por la victoria de Vicente Fox”. La Jornada. Economía. Martes 4 de julio. p. 22.
[3] Cardoso, et. al., op. cit.
[4] Cason, Jim y David Brooks. 2000. “Satisfacción en Wall Street al conocerse el resultado”. La Jornada. Política. Martes 4 de julio. p. 9.
[5] Cason y Brooks, op. cit.
[6] Cason y Brooks, op. cit.
[7] Cason y Brooks, op. cit.
[8] Cason y Brooks, op. cit.
[9] Cardoso, et. al., op. cit.
[10] Cason y Brooks, op. cit.
[11]Cason y Brooks, op. cit.
[12] Zúñiga, David. 2000. “Se abrirá el sector energético a la inversión privada”. La Jornada. Economía. Miércoles 5 de julio. p. 20.
[13] Aziz Nassif, Alberto. 2001. “Manos al IVA”. La Jornada. Política. Opinión. Martes 10 de abril. p. 15.
[14] Aziz, op. cit.
[15] En 1989, el PRI y el PAN votaron juntos la legislación electoral salinísta para eliminar las coaliciones y candidaturas de los partidos; en 1991, el PRI y el PAN votaron juntos la quema de los paquetes electorales de 1988 para eliminar la evidencia del fraude que arrebató el triunfo a Cuauhtemoc Cárdenas; en 1992, el PRI y el PAN votaron juntos un resolutivo para apoyar la elevación de cuotas en la UNAM propuesta por el rector Sarukhán; ese mismo año, el PRI y el PAN reformaron el artículo 27 constitucional para privatizar el Ejido; en 1993, el PRI y el PAN votaron juntos la reforma al Código Penal para permitir la libertad bajo fianza a los servidores públicos corruptos; en 1998, el PRI y el PAN recortaron el presupuesto del D.F. y el de las universidades públicas, y ese mismo año, el PRI y el PAN aprobaron el FOBAPROA.
[16] Garduño, Roberto y Cirio Pérez. 2001. “Critican diputados negociaciones de la reforma fiscal <<a puerta cerrada>>”. La Jornada. Política. Miércoles 19 de diciembre. p. 3.
[17] Durante el pasado periodo extraordinario de sesiones del Congreso de la Unión, el coordinador del Partido del Trabajo en la Cámara de Diputados, Alberto Anaya, denunció que el gobierno de Vicente Fox “<<ofreció un millón de pesos>> a por lo menos 50 diputados del PRI”,[17] para convencerlos de que votaran a favor de su Reforma Fiscal, lo cual, según el petista, “sería muy barato para el gobierno, pues conseguiría hasta 13 mil millones de dólares adicionales de recaudación con 50 millones de pesos, pues en el peor de los escenarios, se necesitan 50 votos para aprobar la reforma” (Garduño y Pérez, op. cit.)
[18] Coordinación Ciudadana. 1997. “El cambio pacífico. La última oportunidad”. Folleto N° 1. México. D. F.
[19] Galaz, Lourdes. 2001. “Del dicho al hecho”. La Jornada. Miércoles 21 de marzo. p. 9.

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