“Un mundo a la medida de los empresarios”
Raúl Pérez Ríos
“Que se privatice todo, que se
privatice el mar y el cielo,
que se privatice el agua y el aire, que
se privatice la
justicia y la ley, que se privatice la
nube que pasa, que
se privatice el sueño, sobre todo si es
el diurno y con
los ojos abiertos. Y, finalmente, para
florón y remate de
tanto privatizar, privatícense los
Estados, entréguese de
una vez por todas su explotación a
empresas privadas
mediante concurso internacional. Ahí se
encuentra la
salvación del mundo ... Y, metidos en
esto, que se
privatice también a la puta que los parió a todos”
José Saramago, “Cuadernos de Lanzarote”
“Que se
privatice todo” es uno de los principales objetivos de las actuales políticas
neoliberales. Edward Luttwak menciona que “En la actualidad, casi toda la élite
americana encabezada por jefes de corporaciones y economistas de moda, está
totalmente convencida de que ha descubierto la fórmula ganadora para el éxito
económico –la única fórmula- que sirve para todos los países, ricos o pobres,
buena para todos los individuos que estén dispuestos a escuchar el mensaje, y
por supuesto, buena para la élite americana: PRIVATIZACIÖN + DESREGULACIÓN 0
TURBO-CAPITALISMO = PROSPERIDAD”[1]
En México,
cuando todavía faltaban cinco meses para que el candidato del Partido Acción
Nacional (PAN), Vicente Fox Quesada, se pusiera la banda presidencial, el
sector privado ya estaba “listo para ir por todo: abrir PEMEX y el sector
educativo, así como reformar la Ley Federal del Trabajo”,[2]
entre otras cosas.
En julio del
2000, distintos “dirigentes empresariales reconocieron que sin importar cuál
hubiera sido el resultado de las elecciones, tenían ganada la partida”,[3]
pues tanto Fox como el candidato del Partido Revolucionario Institucional
(PRI), Francisco Labastida, garantizaban la continuidad del actual proyecto
económico.
“La garantía de
continuidad en las políticas macroeconómicas del país”[4]
fue uno de los tres deseos básicos de Wall Street, que se cumplió en esta
elección mexicana del 2 de julio del 2000; los otros dos deseos fueron: “el
triunfo de Vicente Fox y el proceso declarado imparcial y transparente, pues,
como dice Bernard Aronson, director de Acon Investments y ex subsecretario
asistente para América Latina, “un triunfo grande del PAN probablemente es más
estable que una victoria cerrada del PRI”.[5]
Susan Kaufman
Purcell, vicepresidente del Consejo de las Américas, mencionó que para Wall
Street, “el hecho de que Vicente Fox proviene del sector privado... que
entiende la economía global y el papel del capital privado... y el margen de su
triunfo, evitan un periodo inmediato de inseguridad”.[6]
Además, “Fox es
percibido como más pro mercado libre que el propio Labastida”,[7]
según Joyce Chang, directora de inversiones de Chase, quien agregó que “Fox
está más orientado al mercado libre y los mercados creen que él podría proceder
con las privatizaciones de forma un poco más rápida que el PRI”.[8]
Alejandro
Martínez Gallardo, presidente de la Confederación de Cámaras Industriales
(Concamin), dijo que el PAN y el PRI se parecen bastante, “los dos tienen ideas
económicas muy apegadas a la modernidad”.[9]
Sin embargo, Bernard Aronson recordó que “históricamente, el PAN ha sido el
partido que favorece el libre comercio, favorecía el libre comercio antes del
PRI”,[10] y
agregó que “el mercado podría ser afectado <<por la conformación del
Congreso de la Unión mexicano, así como por la habilidad de Vicente Fox Quesada
para gobernar su país>>”.[11]
Muchos
empresarios estaban convencidos de que la nueva composición del Congreso de la
Unión permitiría que en los primeros tres años del gobierno de Vicente Fox se
avanzara más que nunca[12]
en las reformas que ellos necesitan para adueñarse de todo el sector productivo
del país y obtener más ganancias.
“Si el PAN entra
con todos sus votos, sólo harían falta unos 45 legisladores de otros partidos”,[13]
para sacar adelante las reformas o iniciativas enviadas por el Ejecutivo y,
aunque el PRD cubre la cuota, “el PRI (...) sería el aliado estratégico –porque
el PRD está abiertamente en contra-”[14]
de las iniciativas que favorezcan a los empresarios y perjudiquen a la mayoría
de la sociedad.
En las
legislaturas pasadas, con la concertacesión, los diputados y senadores del PRI
y del PAN aprobaban juntos las diversas reformas e iniciativas que enviaba el
Ejecutivo,[15]
sin embargo, ahora con la nueva legislatura, los empresarios y el presidente no
parecen estar tan seguros de que así suceda. “El PRI, -como dicen algunos
panistas- está <<vendiendo caro>> su apoyo”,[16] y
al parecer, no le están llegando al precio[17].
Con un número menor
de diputados quizás sea más fácil, tanto para el gobierno como para la
iniciativa privada, “convencerlos” de que voten a favor de tal o cual reforma,
y si se puede reelegir a los diputados “convencidos”, podría facilitarse aún
más la labor de “convencimiento” que lleve a cabo el presidente o los
empresarios en las futuras legislaturas. Sin embargo, también le podría
permitir a la sociedad ubicar y distinguir a los diputados que votan a favor o
en contra de ella, lo cual podría dificultar la reelección de aquellos
diputados que actúan a favor de unos cuantos.
Sabemos que una
de las estrategias para limitar la compra de nuestros “dirigentes” o
“representantes” consiste en tener un mayor número de ellos, a tal grado que
fuera imposible corromperlos a todos,[18]
pero el costo económico que paga la sociedad para mantener a 500 diputados y
128 senadores es muy alto, sobretodo teniendo en cuenta que muchos de ellos ven
más por sus intereses personales o de grupo (partido), que por los intereses de
la sociedad a la que dicen “representar”.
En marzo del
2001, la empresa Roquet-Bimsa dio a conocer los resultados de una encuesta
reveladora que muestra la percepción que tienen los ciudadanos del trabajo
legislativo. Se entrevistó a 432 personas sobre el quehacer y la
representatividad de los señores diputados y los resultados fueron los
siguientes: el 75% de los entrevistados no conoce la función de un diputado; el
90% no conoce el nombre del diputado de su distrito; si sabe el nombre,
desconoce el partido que representa; 90% no tiene idea de cómo comunicarse con
su diputado, y menos del 7% ha intentado una comunicación con el legislador. De
quienes lo intentaron, sólo una tercera parte recibió respuesta del señor
representante. Así, 77% de los encuestados considera que su diputado no
representa sus intereses, y 8 de cada 10 entrevistados piensan que cuando un
diputado vota en la Cámara, lo hace de acuerdo a sus intereses personales y de
su partido, no de los electores.[19]
Para cambiar la
escasa relación que existe entre los ciudadanos y sus legisladores, se requiere
que los ciudadanos reconozcan sus intereses y necesidades y los enarbolen
frente a las decisiones que toman los diputados y senadores en el Congreso de
la Unión. Las leyes emanadas de la labor legislativa pueden configurar un mundo
más habitable para las mayorías o diseñar un mundo a la medida de los
empresarios. La cuestión está en reconocer nuestras necesidades y en buscar la
manera de satisfacerlas. La legislativa es sólo una de las vías. También
podemos buscar otras. Todo depende de nuestras necesidades...
10 de julio de 2003
[1] Luttwak, Edward. 1999. “Turbo-Capitalsm.
Winners and Losers in the Global Economy”. Harper Collins Publishers. Nueva York. p. 25, citado por Lander,
Edgardo. s/f. “¿Conocimiento para qué? ¿Conocimiento para quién? Reflexiones
sobre la universidad y la geopolítica de los saberes hegemónicos”. Simposio
Internacional “La reestructuración de las ciencias sociales en los países
andinos. p. 6.
[2] Cardoso, Víctor, Antonio Castellanos,
David Zúñiga y Mayela Delgadillo. 2000. “Slim descarta fuga de capitales por la
victoria de Vicente Fox”. La Jornada. Economía. Martes 4 de julio. p. 22.
[3] Cardoso, et. al., op. cit.
[4] Cason, Jim y David Brooks. 2000. “Satisfacción en Wall Street al
conocerse el resultado”. La Jornada. Política. Martes 4 de julio. p. 9.
[5] Cason y Brooks, op. cit.
[6] Cason y Brooks, op. cit.
[7] Cason y Brooks, op. cit.
[8] Cason y Brooks, op. cit.
[9] Cardoso, et. al., op. cit.
[10] Cason y Brooks, op. cit.
[11]Cason y Brooks, op. cit.
[12] Zúñiga, David. 2000. “Se abrirá el sector
energético a la inversión privada”. La Jornada. Economía. Miércoles 5 de julio.
p. 20.
[13] Aziz Nassif, Alberto. 2001. “Manos al
IVA”. La Jornada. Política. Opinión. Martes 10 de abril. p. 15.
[14] Aziz, op. cit.
[15] En 1989, el PRI y el PAN votaron juntos
la legislación electoral salinísta para eliminar las coaliciones y candidaturas
de los partidos; en 1991, el PRI y el PAN votaron juntos la quema de los
paquetes electorales de 1988 para eliminar la evidencia del fraude que arrebató
el triunfo a Cuauhtemoc Cárdenas; en 1992, el PRI y el PAN votaron juntos un
resolutivo para apoyar la elevación de cuotas en la UNAM propuesta por el
rector Sarukhán; ese mismo año, el PRI y el PAN reformaron el artículo 27
constitucional para privatizar el Ejido; en 1993, el PRI y el PAN votaron
juntos la reforma al Código Penal para permitir la libertad bajo fianza a los
servidores públicos corruptos; en 1998, el PRI y el PAN recortaron el
presupuesto del D.F. y el de las universidades públicas, y ese mismo año, el
PRI y el PAN aprobaron el FOBAPROA.
[16] Garduño, Roberto y Cirio Pérez. 2001.
“Critican diputados negociaciones de la reforma fiscal <<a puerta cerrada>>”.
La Jornada. Política. Miércoles 19 de diciembre. p. 3.
[17] Durante el pasado periodo extraordinario
de sesiones del Congreso de la Unión, el coordinador del Partido del Trabajo en
la Cámara de Diputados, Alberto Anaya, denunció que el gobierno de Vicente Fox
“<<ofreció un millón de pesos>> a por lo menos 50 diputados del
PRI”,[17]
para convencerlos de que votaran a favor de su Reforma Fiscal, lo cual, según
el petista, “sería muy barato para el gobierno, pues conseguiría hasta 13 mil
millones de dólares adicionales de recaudación con 50 millones de pesos, pues
en el peor de los escenarios, se necesitan 50 votos para aprobar la reforma”
(Garduño y Pérez, op. cit.)
[18] Coordinación Ciudadana. 1997. “El cambio
pacífico. La última oportunidad”. Folleto N° 1. México. D. F.
[19] Galaz, Lourdes. 2001. “Del dicho al
hecho”. La Jornada. Miércoles 21 de marzo. p. 9.
No hay comentarios:
Publicar un comentario